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Es el drama que supone ver con sencillez un complejo problema que
lleva instalado en España desde tiempos inmemorables: la educación. Todos hablan de ella, aparecen soluciones que más tarde fracasan estrepitosamente, reforman leyes en pro de una mejora educativa que nunca llega, es herramienta de adoctrinamiento político y no es, al menos hasta ahora, objeto de inversión real más allá de la adopción de modas tecnológicas y lingüísticas de dudosos resultados en la enseñanza-aprendizaje.
Perfilada como pilar fundamental de una sociedad, la educación no es equivalente a la escuela. De hecho, lo que se aprende fuera de la escuela a menudo entra en un contexto de realidad y funcionalidad mucho más enriquecedor y útil a juicio del discente. En la mayoría de los casos, al hablar de comunidad educativa nos referimos a los padres, maestros, la sociedad y el entorno en el que el niño de desenvuelve. A priori, una sinergia entre todos estos elementos daría lugar a una educación de máxima calidad. Sin embargo se deja fuera del tiesto otros tantos aspectos que hacen más que difícil la igualdad de oportunidades en nuestro actual sistema educativo. La variable más notable y en la que menos se ha incidido es en la compensación del déficit que presentan muchos padres en sus niveles culturales. Con mucha frecuencia, y no menos lógica, padres que no han gozado de una buena educación/formación no conceden importancia a los estudios para la vida laboral (y menos en el plano personal), tampoco para enseñar idiomas que no conocen a sus hijos, resolver problemas de matemáticas en el que se muestran incapaces, transmitir estrategias de estudio y metodologías eficaces de aprendizaje alejadas del legado de la escuela tradicional, crear un clima propicio para la curiosidad y el aprendizaje por descubrimiento, otorgar importancia a eventos culturales, así como otras análogas. Ante este problema no es suficiente aplicar talleres de formación para padres, que a la vista de los últimos resultados PISA de 2014 sigue siendo un parche vistoso más que una solución. Para corregir esta desigualdad es de vital importancia comenzar a hablar con fuerza de instituciones gratuitas de educación social para niños en riesgo de exclusión social y de fracaso y abandono escolar, en aras de paliar los efectos de un sistema, en estos momentos, desigual.
Con una ratio de 30 alumnos por profesor, la educación individualizada es un sueño en el que la escuela pública, sufridora entre tantos ninguneos, no puede llegar a alcanzar, generando el fracaso escolar de aquellos niños desmotivados por su entorno, los que no le ven utilidad, los que se ven solos, sin apoyo y fuera de lugar en su camino educativo, los que han tomado como modelo la poca importancia concedida a la escuela por su entorno más cercano, los que se "creen" incapaces e inservibles para los estudios, así como una larga lista de opciones similares. Estos niños, sobra decir, que ni por asomo serían admitidos en colegios concertados/privados, más si cabe pertenecen a minorías étnicas o a familias de un nivel socio-económico y cultural bajo. La diferencia de resultados educativos en informas como PISA entre colegios públicos y privados, teniendo en cuenta el poder de admisión de los últimos, es un aspecto que cada lector valorará a su juicio.
El trabajo social, en referencia a este colectivo de niños, debe ser uno de los pilares que mantenga la educación, junto con padres, escuela, instituciones, administración y sociedad en general. Alrededor del 90% de los niños con padres que no tienen el graduado no van a la universidad. La falta de recursos, la mentalidad hacia la educación, la carencia de metodologías eficaces y el estilo de vida implantado en el seno familiar, son elementos que frenan el éxito del alumno. Los resultados más negativos empiezan a ser notables en el tercer ciclo de primaria, siendo en secundaria cuando el problema ya está fuertemente arraigado (tal y como ya experimentaría la Institución Libre de Enseñanza en España a finales del siglo XIX).
Con una ratio de 30 alumnos por profesor, la educación individualizada es un sueño en el que la escuela pública, sufridora entre tantos ninguneos, no puede llegar a alcanzar, generando el fracaso escolar de aquellos niños desmotivados por su entorno, los que no le ven utilidad, los que se ven solos, sin apoyo y fuera de lugar en su camino educativo, los que han tomado como modelo la poca importancia concedida a la escuela por su entorno más cercano, los que se "creen" incapaces e inservibles para los estudios, así como una larga lista de opciones similares. Estos niños, sobra decir, que ni por asomo serían admitidos en colegios concertados/privados, más si cabe pertenecen a minorías étnicas o a familias de un nivel socio-económico y cultural bajo. La diferencia de resultados educativos en informas como PISA entre colegios públicos y privados, teniendo en cuenta el poder de admisión de los últimos, es un aspecto que cada lector valorará a su juicio.
El trabajo social, en referencia a este colectivo de niños, debe ser uno de los pilares que mantenga la educación, junto con padres, escuela, instituciones, administración y sociedad en general. Alrededor del 90% de los niños con padres que no tienen el graduado no van a la universidad. La falta de recursos, la mentalidad hacia la educación, la carencia de metodologías eficaces y el estilo de vida implantado en el seno familiar, son elementos que frenan el éxito del alumno. Los resultados más negativos empiezan a ser notables en el tercer ciclo de primaria, siendo en secundaria cuando el problema ya está fuertemente arraigado (tal y como ya experimentaría la Institución Libre de Enseñanza en España a finales del siglo XIX).
Vivimos, por otro lado, en una sociedad que prima a las llamadas "materias instrumentales" como matemáticas, lenguaje, conocimiento del medio e inglés. No obstante, si hacemos hincapié en las bases que debe conllevar una buena educación, puede que las respuestas empiecen a oscilar entre el sistema que entendemos y el que demandan las nuevas investigaciones educativas, y las no tan nuevas. En esta tesitura, la escuela debe ser un espacio en el que se ayude al alumno a forjar una personalidad sociable, altruista, de conocimiento sobre sí mismo, en sus motivaciones, en la gestión de sus emociones, en el control de la autoestima, en definitiva, en el saber ser. Lamentablemente, en el contexto de un mundo deshumanizado, la gestión de las emociones no ha tenido aún el papel fundamental en la educación que bien merecen. Asignaturas como música, educación física o plástica no gozan de importancia e, incluso, se utilizan como arma de castigo para que el alumno si no se porta bien no "juegue". En este sentido, y por último, cabe destacar que el fomento de la curiosidad, la motivación en uno mismo y el proceso autodidacta, no sólo va a crear una persona estable emocionalmente, sino un sujeto que investiga y que tiene gusto por aprender más y más, redundando en una sociedad más crítica y competente.
La formación del profesorado cuenta hoy día con 4 años. Es una formación en la que priman los aspectos de psicopedagogía y didáctica, el cómo enseñar. En este tipo de conocimientos entra en juego el saber metodologías, estrategias, la evolución psicológica del alumnado, la adaptación a sus intereses, los conceptos epistemológicos de educación y su reconceptualización al entorno, la programación de unidades didácticas que tengan en cuenta la diversidad del alumnado, aspectos sociológicos, la validez de los instrumentos de evaluación y su repercusión, los nuevos paradigmas educativos en el que el alumno aprende haciendo y no sólo oyendo, el tipo de lenguaje utilizado atendiendo al código elaborado y código restringido, los pasos para alcanzar objetivos y competencias básicas, los aspectos afectivos y emocionales para la formación de la personalidad, la historia educativa y en lo que ya fracasamos educativamente, la investigación, así como otra cantidad de elementos necesarios a la hora de entender la educación y ponerse al frente de una clase. Por lo tanto, no sólo es saber el conocimiento, no sólo se trata de ser nativo para enseñar el idioma, no sólo se trata de contratar a quien más sabe sobre la materia, sino de aquel que cuenta con las herramientas para desengranar el conocimiento en partículas más sencillas para ser asimilado por los alumnos, de una forma programada, deliberada y con la complejidad que entraña la diversidad del alumnado específico del aula. El riesgo de que algo parezca sencillo puede conllevar a despreciar la gran complejidad que guarda. Los profesionales de la enseñanza, uno de los sectores que más cantidad de bajas por depresión acumula, tienen la difícil misión de educar en medio de la tempestad. Sin embargo, muchos de ellos al terminar sus estudios alegan "cuando de verdad se aprende es fuera de la universidad" y es ahí cuando se olvidan los fundamentos del porqué enseñar, se cae en el acomodamiento y seguimos con las clases tradicionales que pocos resultados han dado.